lunes, 13 de junio de 2011

'Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar' W. Shakespeare

Parece que ya nadie susurra al rozar los dedos con los muros. Perdimos toda costumbre cuando de repente ya no hablaron más. Odiaba el olor de sus recuerdos, todos siempre más felices que cualquier momento que yo misma pudiera tratar de reencontrar perdido en mi memoria. Pero necesitaba oír aquellos relatos de grandeza que ya no es viviendo en el mismo espacio que ahora ocupaban mis miserias. Empiezo hablando de mí, me he vuelto más valiente, o es que ya he agotado mis miedos. O quizás aquí, en el refugio que me brinda la soledad de la escucha sin pausa de la lluvia, en el manto de la incomunicación, hoy, me siento más capaz de ello. Porque hablar de hogar me resulta una calumnia. El hogar; ese lugar al que vuelves tras largos viajes. Ese edificio en el que, ocurra cuanto ocurra, estarás siempre seguro. Esos brazos que comprenden, sin mediar palabra, que los necesitas alrededor, la sonrisa y el 'qué guapa estás', 'cuánto has crecido', 'me alegro de verte'.
Mi hogar se fue contigo, y ya nunca volverá. La sensación de los domingos se alarga a toda la semana y yo, al despertar, me quedo quieta, esperando oírte. Pero los muros se han callado. Ni siquiera ellos me dirigen la palabra. Y tu que ya nunca suenas, imposible si tus cuerdas vocales se hayan metros bajo tierra. Qué puta mierda de mañana, y así cada una de ellas.
Que aprendo a no pensarte y sueño que me enfado, que tienes que ser tu la que venga y me diga que lo siente, por irse tan de repente y tan siquiera decirme adiós. Que cada puta mañana me acuerdo de su sonrisa y ella ni siquiera tiene ya cerebro que le permita pensar en mí. Y me parece tan injusto que me siento gilipollas, y se me duermen las mejillas de tanto contraer el rostro. Pero eso sí; que nadie lo sepa. Que no lo sepa ella; quiero que se sienta orgullosa.

Cinquanta-dues roses, com sempre, com cada any. Per molts anys, preciosa.

'AND WE DON´T KNOW
JUST WHERE OUR BONES WILL REST
TO DUST I GUESS
FORGOTTEN AND ABSORBED INTO THE EARTH BELOW
DOUBLE CROSS THE VACANT AND THE BORED
THEY´RE NOT SURE JUST WHAT WE HAVE IN STORE
MORPHINE CITY SLIPPIN DUES DOWN TO SEE
THAT WE DON´T EVEN CARE AS RESTLESS AS WE ARE
WE FEEL THE PULL IN THE LAND OF A THOUSAND GUILTS
AND POURED CEMENT, LAMENTED AND ASSURED
TO THE LIGHTS AND TOWNS BELOW
FASTER THAN THE SPEED OF SOUND
FASTER THAN WE THOUGHT WE´D GO,
BENEATH THE SOUND OF HOPE'

domingo, 7 de marzo de 2010

El devenir de las vicisitudes, y la historia de las hormigas que lo vieron venir

Tratando de desencriptar el códec que mantiene bajo llave la lluvia de ideas, chocamos con la paradoja de la mente en blanco. Parece que hay sequía y hallar la causa ya no es un juego. Debería volver a ser primavera, pero el frío siempre vuelve justo cuando olvido el abrigo. Y siempre resulta demasiado tarde, nunca es el momento preciso; y en el hipotético caso de tener la suerte de de adentrarnos en el minuto decisivo en el que pudiéramos gritar ‘¡ahora!' seguro, seguro nos equivocaríamos y volvería a ser demasiado tarde. Porque no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor; la idealización es la pandemia del siglo XXI. Y de todos los anteriores. Y a la vez pocos aprenden, ¿por qué no cambiar la perspectiva? Cuando la experiencia te demuestra que ya te has equivocado. Tan fácil como olvidar lo inherente. Pero el lenguaje resulta ambiguo y aún no se han inventado palabras para describirlo absolutamente todo sin matizar. Sólo quería entenderme; odiaba el surrealismo hasta que me conocí. Sucede que el reflejo de tus ojos en mis ojos es tan débil que ya no te veo. Y de repente silencio. Obsesión, compulsividad, indecisión y perfeccionismo. Hipocondríaca. Retórica y semántica. Lírica y poesía. Y poética. Algo surrealista; la belleza no tiene porqué limitarse bajo los límites de la lógica. Hay demasiada. Se escapa. Como el tiempo. Corre, se escapa. Como el perfume al respirar. ¿Tienes miedo, verdad? Autoconvencerse de que algo no existe evidencia -y/o reafirma- su presencia en la realidad; pero tampoco está tan mal; ¿porqué el hombre superviviente es siempre el más egoísta? Altruismo es dejarse comer en un poblado de caníbales hambrientos. O un extremo halago de tolerancia resulta intolerante. Quizás hasta la más marcada modestia resulte pedante. ¿Qué hacer cuando te pierdes con un mapa entre las manos? Tratamos de volver al punto del error; se vuelve el nuevo punto de partida. Los extremos siempre se tocan, luego los excesos nunca son buenos. Temer que la excepción se vuelva rutina. ‘Se parece a ti, salvo que es mejor’, enfrentarse a los miedos es un acto heroico porque a veces supone un suicidio. Y pensar en quede que a veces el apego no sea más que la paupérrima traducción de la esperanza ilógica de respuestas imaginarias, ya sean verbales o meramente físicas. Puede también que no sepamos distinguir entre la más acérrima socioadicción y la necesidad de autocomplacencia, y como consecuencia no obtengamos más que el empeoro constante de esa inestabilidad emocional que resulta inherente a la condición humana, ‘dime una vez que me necesitas, y me quedaré contigo para siempre (y pese a todo)’. La indiferencia es la madre de la ciencia ahora, la adoptó cuando la paciencia se fugó. Se suceden los hechos en cadena y vuelven casi al punto de partida, cuanto más cambian las cosas más empiezan a parecerse, como carne quemada al sol de un verano que se nos fue de las manos, o hielo en el pecho, ambos duelen por igual y no podrían ser más diferentes, contradicción lógica o lógica contradictoria. ¿Qué haces si te pierdes con un mapa entre las manos? Decisión indecisa. Como si yo fuese sorda, y tú mudo, o viceversa, y tú gritaras y yo no te escuchara. O yo coja, y tú manco, y yo no pudiera levantarme y tú no pudieras tenderme una mano. Como si te hubiese pedido 'quédate' y tú hubieras decidido que, a palabras necias, oídos sordos. Pero peor; ni siquiera el conocimiento seguro, consciente y experimental que otorga la sentencia universal y universalmente conocida de que todo ser humano esconde sus obsesiones más arraigadas por miedo al ridículo facilita la exposición a la luz de las mismas, y te descubres repitiendo en susurros, una y otra vez, las palabras que quizás nunca debiste pronunciar, y que pese a ser acertadas la propia aliteración ha vuelto incoherentes, absurdas y estúpidas, y llegados a ese punto decidimos hacernos callar por el temor a reafirmar al escucharlo de la propia voz lo que tu mente, a años luz de tus labios, cuenta como conclusión pese a saber que no debería permitirse el lujo de ceder; ojalá fuera tan fácil hacer callar las voces que sólo uno mismo escucha. Y sabiendo con certeza que el Sol no se apaga en tu cama, tolero iluminación artificial para guiarme en el camino. Lo oscuro de las noches me desconcierta y me descubro dejando pasar horas tratando de ser consciente de ello; que no, que hoy no me duermo, si al mirar más allá de mi ventana adivino los colores de otra noche que no acaba, con olor a incertidumbre, a tonos cálidos de otoño, que desprenden un frío glacial. El negro se vuelve azul oscuro y mis temores se disipan, o quizás sólo aguarden a mañana para volver y confiscarme de nuevo, con sonrisa burlona, el rato de un sueño que no quiero volver a soñar, y vulnerablemente agradecida me despido al amanecer de la luna, que como siempre me inquirió injurias y anatemas que por complejas no entiendo; dormiré pues, asustada, temerosa de hallar, mediante la ensoñación tabú, en la imagen indeseable, indeseada, atesorada, requerida, el entendimiento y la conjetura de tan retorcidas afirmaciones. Y las luces en mi norte que se ven al cerrar los ojos de lo consciente. Que nos guían hacia el destino erróneo de tus brazos en los que el debate termina al callar las opiniones ajenas o simplemente no escucharlas, momentáneo alivio incestuoso a la eterna duda que suscita la eterna búsqueda de metas alcanzables. Comprendiste con lejana resignación -aproximándose- que los extremos se tocan, y tú y yo debemos de estar muy cerca, pues no puedo tocarte. Encontrémonos allí, en donde siempre te pierdo; nos vemos allí, en dónde nunca me miras. Quisiera ver el mundo a través de tus ojos.